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Viernes, 16 Febrero 2018 11:47

Sismo de 7.2 nos recordó la fragilidad de la Ciudad

Cuando los capitalinos creíamos tener dominado el temor ante un terremoto de grandes dimensiones la naturaleza dio una nueva lección de humildad

 

 FUENTES:EXCELSIOR.COM.MX

CIUDAD DE MÉXICO.

Cuando los capitalinos creíamos tener dominado el temor ante un terremoto de grandes dimensiones la naturaleza dio una nueva lección de humildad.

El sismo, con epicentro en la costa de Oaxaca, dos veces más lejano que el del 19 de Septiembre, demostró varias cosas.

Una de ellas, fue que reiteró que los habitantes de la Ciudad de México tienen ya, en su gran mayoría, enraizada la cultura de la protección civil, del desalojo, de mantener la calma pese al natural pánico ante el inminente terremoto.

Otra es la Alerta Sísmica que, en esta ocasión, funcionó de tal manera que el sismo inició cuando las sirenas estaban casi por dejar de ulular, dando cerca de un minuto para ponerse a salvo.

Tras el sismo, retornó ese sentimiento visceral e impetuoso de contactar a familiares y amigos provocando por momentos la caída de los sistemas telefónicos,  de redes sociales, y de microblogs.

El tránsito vial, el Metro, el Metrobús y todos los sistemas de autobús concesionado colapsaron ante el arribo masivo de automovilistas y pasajeros que buscaban alguna manera de retornar a sus hogares.

Hacia el anochecer, la mayor parte del comercio de la Ciudad estaba cerrado.

Los capitalinos, sin embargo, generaron un fenómeno sui generis.

El camellón de la Avenida Álvaro Obregón y la Calle Tonalá, por ejemplo, tenía a cientos de personas que esperaban fuera de sus casas, de edificios de departamentos, y de oficinas.

Sólo pasaban el tiempo, revisando en sus teléfonos celulares la cantidad de réplicas del sismo, leyendo los reportes de daños en redes sociales, atentos a  escuchar sobre los derrumbes que no sucedieron, y recobrando valor para regresar a sus viviendas y oficinas.

Por espacio de una hora, la inquietud era palpable y se acentuaba por los semáforos fuera de servicio, el intenso tránsito, el paso constante de ambulancias y patrullas con torretas encendidas y por el sobrevuelo de helicópteros de la Policía.

En las colonias Roma y Condesa, por la noche, algunas calles lucían oscuras por los cortos circuitos en líneas de suministro.

La mayor parte de los bares, restaurantes y cafeterías, en contraste, lucían mesas llenas.

La gente quiere salir, no quiere estar encerrados", explicó Refugio, un vigilante de una casa en Avenida México que veía pasar a curiosos que registraban en fotografías los daños en edificios de la zona mientras paseaban a sus mascotas, llevaban carriolas con bebés, y cargaban sus vasos de cartón con café o tés.

Era el intento de algunos capitalinos por no dramatizar el episodio que nos recordó la fragilidad de la Ciudad ante un sismo.

http://www.excelsior.com.mx/comunidad/2018/02/17/1220923

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