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Martes, 04 Diciembre 2018 08:36

Belascoarán Shayne (y la chica de la cola de caballo) llegan al Ajusco

El autor del famoso detective se prepara para encabezar el FCE, pero antes deberá vencer su propia impertinencia

 

FUENTES:EXCELSIOR.COM.MX

CIUDAD DE MÉXICO.

Polémico, informal, malhablado, lector empedernido que desde los 8 años de edad ya sabía que quería ser escritor, Paco Ignacio Taibo II (PIT II) apunta para ser el nuevo director del Fondo de Cultura Económica (FCE). De nacionalidad española (nació en Gijón) se naturalizó mexicano en 1982 y después de una frustrada llegada a la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, espera ahora la modificación de la Ley Federal de las Entidades Paraestatales para poder ocupar la oficina del Ajusco.

Ha sido precisamente eso que él llama “conquista” y que dice, se obtuvo en julio pasado, de “llamar las cosas por su nombre”, lo que le ha hecho tambalear en el puesto. Tras soltar en la FIL de Guadalajara la frase “se las metimos doblada”, refiriéndose a los que critican su llegada a la editorial pública, la reforma que le allanaría el camino a la dependencia fue congelada en el Senado y varias voces se  sumaron a las críticas. Con todo, Taibo sigue siendo un antisolemne.

El escritor no puede estar quieto ni tampoco lo dejan. En los actos que organiza con su Brigada Para Leer en Libertad, lo solicitan aquí y allá y él está para todos. Toma un paquete de libros y lo ofrece en 50 pesos, vuelve a tomar otro libro y ahora dice: “este se va gratis, ¿quién lo quiere? ¡Allá, el camarada que tiene media hora levantando la mano!”. Lleva unos jeans desgastados  y una playera con la leyenda: “Menos Paz y más Revueltas”. Una mancha amarilla sobre su abultado bigote lo delata como un fumador empedernido, de H. Upmann.

A Taibo se le acercan todos y generalmente son personas comunes y corrientes que le reconocen donde se pare. El más grande de los hermanos Taibo –el 11 de enero cumplirá 70– es una especie de rockstar de la literatura pero sin glamour; le habla a todos por igual, sobre todo si como él, visten de manera informal. Desde joven, prometió alejarse de la formalidad: “lo decidí en 1967 cuando no nos dejaban entrar a un baile en la prepa si no traíamos corbata y dije: ‘ésta es la última vez, desde ahora no entro a ningún baile donde pidan corbata’.

Con la misma antisolemnidad enfrenta ahora la posibilidad de convertirse en funcionario público. PIT no puede negar que esa manera coloquial de hablar es a la que se acostumbró. Antes “yo era un ente raro, era un adolescente que hablaba con la “c” (ceceaba)”, contó alguna vez a Elena Poniatowska. Para dejar de tener “la sensación de la extranjería” decidió meterse a la política cuando tenía apenas 15 años de vida y seis de haber llegado a México. Aquí previamente habían viajado su abuelo y sus tíos; él llegó con sus padres después de navegar durante 28 días en la motonave Guadalupe.

Taibo se convirtió en alfabetizador de obreros en Santa Clara, Ecatepec, de donde lo sacó la policía a punta de pistola. Después fue espartaquista junto con Armando Bartra, Martín Reyes y Renato Ravelo, siempre siguiendo a José Revueltas. Cuando 1968 llegó, Taibo ya estudiaba en Ciencias Políticas de la UNAM y el Movimiento estudiantil lo encontró curtido en la militancia.

Rápidamente se incorporó a las brigadas de propaganda y se convirtió en “un gran orador en los barrios, en las fábricas. Aprendió a subirse a los postes y a hablar el lenguaje de la gente, a explicar problemas complicados de manera sencilla y descubrió muy pronto que la clave de un buen discurso es contar lo que se cree y lo que se ve”, cuenta Poniatowska. Su condición de Taibo sin embargo, lo mantuvo lejos de la represión del 2 de octubre: su papá había escuchado rumores de que la matanza de Tlatelolco se estaba fraguando y decidió mandarlo a España apenas dos días antes; él se enteró en Madrid y dice que entonces le sobrevino un ataque de “mudez histérica”. 

Pero había otra parte de Taibo que aguardaba, la del escritor. En 1968 llenó tres libretas con sus impresiones y de niño ya soñaba con escribir después de que su abuelo le deslizaba en el buró todos los clásicos por haber. Tras la represión, dejó la universidad y comenzó a forjar su vida como escritor. “Se nos olvida –dice su amigo y colega Fabrizio Mejía Madrid– que Taibo es una persona muy culta. Paco sigue los pasos de su padre, a veces tenemos esta idea de los Taibo como plebeyos y rebeldes, pero han ocupado cargos de responsabilidad pública y han hecho cosas importantes para la cultura del país aunque lo escondan y prefieran el chascarrillo”.

Paco ha tenido puestos de promoción a la lectura muy importantes; los Cuadernos mexicanos que hizo junto con José Emilio Pacheco a finales de los setenta, que todavía circulan por ahí, son recuperaciones de textos originales de Payno, de Altamirano, se repartían junto con la canasta básica en las Conasupo. Paco no habla de esto porque tiene una modestia peculiar, pero después creó con Enrique Semo México: un pueblo en la historia, para las preparatorias a las que Paco les da formato de historieta”, agrega.

Autor de decenas de libros, incluida la saga sobre su famoso detective Héctor Belascoarán Shayne, Taibo sueña con editar libros a bajo precio para repartirlos por  todos lados, pero antes de llegar a la dirección del FCE deberá vencer su propia insolencia.

https://www.excelsior.com.mx/expresiones/belascoaran-shayne-y-la-chica-de-la-cola-de-caballo-llegan-al-ajusco/1282134

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