Lunes, 20 Noviembre 2017 11:43

Sergio Ramírez; premian a la América Central

'La observación y la curiosidad son dones que sé que tengo, los disfruto y los aplico a la escritura', dice en entrevista el literato y académico nicaragüense que ayer se hizo merecedor del Premio Cervantes, otorgado por España 

 

FUENTES:EXCELSIOR.COM.MX

CIUDAD DE MÉXICO.

Dotado con “los dones de la observación y la curiosidad, sin los cuales la escritura no existe”, Sergio Ramírez (1942) se define como “un eterno aprendiz, alguien que nunca deja de estudiar”.

El cuentista y novelista nicaragüense, galardonado ayer con el Premio Cervantes, niega que sea “un maestro de narradores”, como lo denominó el jurado que le concedió el reconocimiento dotado con 144 mil 500 dólares.

Maestro es una palabra muy comprometida. Me siento a gusto cuando me llaman maestro en México o en Colombia, porque es una costumbre. Pero erigirme como maestro me da repelo. Veo con mucho respeto esta palabra. Para mí maestros son Carlos Fuentes o Jorge Luis Borges, de quienes he aprendido”, comenta a Excélsior en entrevista desde Managua.

El también editor y académico de la lengua se convirtió ayer en el primer escritor centroamericano que es reconocido con el Cervantes. El ministro español de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, dio a conocer el fallo del jurado que lo premió por reflejar en su literatura “la viveza de la vida cotidiana, convirtiendo la realidad en una obra de arte”.

Tras siete votaciones y más de tres horas, el jurado concedió el galardón a Ramírez por “aunar en su obra la narración y la poesía, y el rigor del observador y el actor…, todo ello con especial altura literaria y en pluralidad de géneros”.

Quien posee una trayectoria narrativa de 50 años afirma que es una gran cosa recibir este impulso, sobre todo para los jóvenes. “Este premio ayuda a abrir una perspectiva a las letras centroamericanas. Siento como que estoy subiendo a una colina y mi mejor gusto es sentirme acompañado por escritores jóvenes que puedan verse de lejos.

Tenemos generaciones de estupendos escritores, sobre todo en los años 80, en distintos lugares de Centroamérica, que pueden ver los conflictos y tener una perspectiva más independiente, porque no los vivieron y pueden ser críticos”, agrega.

El también ganador de los premios Iberoamericano de Letras José Donoso y el Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria en Idioma Español admite que se siente en la plenitud de la creación.

“Siento que todos mis instrumentos están intactos: mi memoria retentiva, mi memoria imaginativa, mi capacidad de construir historias, revisarlas, recordar lo escrito, de no perderme en el mar de lo que he escrito. Eso es lo que llamo la plenitud y acompañada de la capacidad de crítica, de la que todo escritor debe estar armado. Es decir, la capacidad de corregir, de suprimir, que es lo que hace la verdadera escritura”, agrega.

“La observación y la curiosidad son dones que sé que tengo, los disfruto y los aplico a la escritura. La observación te lleva a fijarte en la minucia, los pequeños detalles que ayudan a construir una historia con la precisión que requiere”, añade.

El autor de Margarita, está linda la mar y Sara acepta que su materia prima es la realidad y su pretensión es convertirla en obra de arte. “Es lo que todo escritor persigue. La realidad objetiva literalmente existe y el velo subjetivo siempre está tendido por encima de esa información que está llegando al rojo vivo a los ojos del escritor todos los días y su trabajo es convertirlo en una obra de arte. Esto no se puede lograr sin un trabajo continuado”.

El jurado estuvo integrado por Darío Villanueva, Beatriz Vegh, Carmen Ruiz, Diego Valadés, Esperanza López, Antonio Pau, María del Carmen Pérez de Armiñán, Ileana Alamilla, María Augusta da Costa y Eduardo Mendoza, ganador del Cervantes el año pasado.

CERVANTES Y DARÍO

El revolucionario sandinista que llegó a ser vicepresidente de su país, de 1984 a 1990, no se arrepiente de haber dejado la política para dedicarse de tiempo completo a la literatura.

“Ahora menos que nunca. Reconozco que no fui un buen político, pero sí quería ser un buen escritor. No equivoqué el camino entrando a la Revolución, no es eso, sino que reconozco que en la política no hubiera sobrevivido. Para eso se necesita dejar a un lado los escrúpulos y eso me cuesta mucho trabajo”.

Ramírez se inspiró en la obra de su paisano, el poeta Rubén Darío, y en el legado del español Miguel de Cervantes. “De éste me fascinó esa frontera tan sutil entre realidad y ficción. Esa es la maravilla que tiene para mi don Quijote, que de la ficción se pasa a la realidad y viceversa. El mundo cervantino tiene ese doble corredor. Y, además, está lleno de gracia, humor y ligereza”.

Y, precisamente, de la conexión que hay entre Cervantes y Darío, “de cómo ambos transformaron a la lengua castellana”, versará su discurso de recepción del premio el próximo 23 de abril, en un acto presidido por los reyes de España en la Universidad de Alcalá de Henares.

El narrador admite que el Cervantes cambia sus planes, pero no altera su voluntad de seguir escribiendo. “Tengo que seguir sentado frente a mi computadora todos los días mientras pueda. Trabajar duro. La escritura se hace cada vez más penosa, porque uno está cada vez más inconforme con las frases, la manera como están construidas. Ese es el arte de la escritura. Uno se puede pasar un día pegado a una frase. Porque el castellano es un idioma muy traicionero, muy difícil, tiene muchos recovecos”.

Quien recién publicó su Antología personal. 50 años de cuentos (Océano), acaba de lanzar una novela, Ya nadie llora para mí (Alfaguara), que presentará el 25 de noviembre, a las 19:00 horas, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Es una continuación de mi novela El cielo llora por mí que tiene al mismo personaje, el inspector Dolores Morales. En la nueva ya no es un agente antidrogas de la policía, sino un investigador privado que sobrevive en Managua de pequeños trabajos y le encargan encontrar a la hija desaparecida de un millonario. Así, entra a los subterráneos del poder y de la corrupción. Es un retrato de la Nicaragua actual”, adelanta.

Su país y Centroamérica siempre están en sus preocupaciones. “Me duele la inseguridad ciudadana, el descontrol de las pandillas juveniles que ahora se han convertido en verdaderas bandas criminales, la agresión contra líderes que defienden el medio ambiente hasta el grado de asesinarlos. Me duele que tengamos países donde las elecciones son un fraude todavía, donde la democracia no funciona. Pero siempre veo la situación de Centroamérica con esperanza. Sé que vamos a llegar a buen puerto alguna vez. Debemos seguir avanzando”, concluye.

Con información de EFE y DPA

http://www.excelsior.com.mx/expresiones/2017/11/17/1201838

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