Lunes, 24 Abril 2017 21:41

La máquina del tiempo* El inicio de la ocupación del puerto de Veracruz

En apariencia, la pequeña ciudad estaba tranquila detrás del mar luciendo con orgullo algunos edificios de arquitectura neoclásica y barroca

 

FUENTES:EXCELSIOR.COM.MX

En un inédito e increíble experimento científico, dos físicos y una reportera viajan juntos en una máquina maravillosa que se desplaza a través de agujeros de gusano del espacio-tiempo. Su objetivo: Comprender e investigar más a la humanidad para mejorarla, así como generar herramientas tecnológicas más avanzadas y conocimiento. (Amigos lectores, empleen su imaginación y ¡acompáñenos semana a semana!)

Veracruz, a 21 de abril de 1914.

Aunque parecía peligrosa la anterior aventura sabíamos que esta sería más. El agujero de gusano, que habíamos abierto ahora, nos había lanzado a una nueva región del hiperespacio permitiéndonos conocer un nuevo sitio histórico y también de guerra: el puerto de Veracruz, en México, en una de sus épocas más bélicas y difíciles. Sería la cuarta vez que la ciudad sería tomada en un momento paralelo a la Revolución Mexicana y bajo el gobierno del presidente y general Victoriano Huerta, quien no era del agrado del mandatario de Estados Unidos, Woodrow Wilson, desconociendo el gobierno del primero –que fue tomado por medio de un golpe de estado planeado con Félix Díaz y Bernardo Reyes para quitar a Francisco Madero el 22 de febrero de 1913– y con planes de intervenir en México para proteger a los estadunidenses bajo ideales imperialistas y “moralistas”

Veracruz nos recibía el día 20 de abril de 1914, a las 8:00 p.m. Estaba nublado y con un poco de viento. Cambiaríamos de manera rápida nuestra vestimenta de acuerdo a la moda de la época. En apariencia, la pequeña ciudad estaba tranquila detrás del mar luciendo con orgullo algunos edificios de arquitectura neoclásica y barroca. Caminábamos en el malecón sintiendo ese único y embriagante olor de mar, viendo las actividades cotidianas del muelle, los numerosos barcos extranjeros que atracaban, el edificio perteneciente a la Dirección General de Faros –de donde venimos es el actual Faro Venustiano Carranza–, los edificios de sanidad y el primer kiosco de la ciudad, y cómo los visitantes y pobladores recorrían el malecón vestidos elegantemente entre los comerciantes que deambulaban por ahí.

Pasaría entonces, por mi mente, que nadie se imaginaba la batalla campal que se desataría mañana en la mañana entre los estadunidenses y mexicanos, gracias al incidente de Tampico –donde se había arrestado, el 9 de abril, a marineros del USS Dolphin que habían desembarcado sin permiso en una zona militar y cuyo comandante exigió como disculpa un saludo a la bandera estadunidense que nunca llegó, convirtiendo esto en el pretexto ideal para invadir México y conseguir la renuncia de Huerta–. En realidad, la verdadero causa que orilló a la intervención fue que el presidente Wilson se enteró, por medio del Cónsul estadunidense en Veracruz, William Canada, de la llegada del barco alemán Ypiranga que traería armas para Huerta y emitió la orden de ocupar la aduana veracruzana para detener la entrega del armamento que consistía en 200 ametralladoras y más de 23,000 cargas de municiones. Esta indicación sería ejecutada por el Almirante Frank Friday Fletcher.

Después de este paseo, que nos dejaba pensando la situación difícil que venía para México, nos fuimos para organizar y atestiguar la toma del puerto al día siguiente. No sería de ninguna manera como los anteriores viajes, debido a los diferentes sitios donde se llevaría a cabo y al peligro de morir en plena balacera. Descansaríamos un rato, desayunaríamos en el Café de la Parroquia y a las 9:45 a.m. del día 21 comenzaríamos la triste experiencia de vivir otra guerra, pero que nos enriquecería para comprender los complejos hechos históricos y el devenir de las naciones frente a sus ideales políticos, sociales y económicos. 

Desde el centro de la ciudad, íbamos caminando por la calle de 5 de mayo para llegar al cuartel militar (ubicado en la esquina de ésta con la calle Hernán Cortés), que comandaba el General Gustavo Mass, cuando comenzaríamos a observar a las 10:30 a.m. cómo varios comercios cerraban y la gente susurraba con alarma que ya estaban los infantes invasores listos para tomar la ciudad. Muchos corrían y otros se desconcertaban ante el temido suceso. Sabíamos que a las 10:50 a.m. el secretario del cónsul Canada llamaría por teléfono al general Mass para avisarle que los marinos yankees desembarcarían bajo el mando del almirante Fletcher y que tomarían el Puerto esperando que no se opusiera a tal orden para evitar un derramamiento de sangre innecesario. Ya estando en la esquina del cuartel, de viva voz, un soldado veracruzano nos contaba que Mass no había aceptado de ningún modo la intervención y que había dado órdenes de abatir a los extranjeros, específicamente al teniente coronel Albino Rodríguez Cerrillo, quien reuniría cien soldados del 19º batallón junto con la Sociedad de Voluntarios del Puerto y prisioneros liberados y armados de San Juan de Ulúa (los “rayados”) para rechazar en el muelle a como diera lugar a las tropas invasoras.

Entonces correríamos hasta el malecón para observar el desembarco de los invasores extranjeros a las 11:20 a.m. Llegarían el USS Prairie, el USS Florida y el USS Utah, los cuales enviarían sus tropas en lanchones. Sentíamos ese terrible sentimiento de ver el asedio extranjero cuyo armamento era infinitamente superior al que vimos en el cuartel militar mexicano. Diez minutos después comenzaría la balacera ¡bang, bang, bang! –¡Rápido, vámonos al Oriente!– comentó uno de mis compañeros. Nos ocultaríamos en la azotea de dicho hotel para atestiguar cómo la estación terminal, el edificio de Correo y Telégrafos y la Aduana Marítima se convertían en campos de batalla. La lucha había comenzado precisamente en ésta cuando el policía Aurelio Montfort Villaseñor y Zendejas disparó al alférez George M. Lowry, pero el mexicano había sido alcanzado por una fusilada general. 

De ahí bajaríamos de volada para ahora dirigirnos a la Escuela Naval Militar. El reloj marcaba el medio día. Afuera, un marino mexicano nos contaba que hacía minutos el Comodoro Manuel Azueta y el Director del plantel Rafael Carrión habían motivado a los cadetes a defender la patria con numerosos ¡vivas México! y que él se incorporaría en la batalla. Probablemente a esta hora, el general Mass ya había recibido órdenes de retirada del presidente Huerta yendo con la mayoría de sus tropas a Tejería y a Soledad, en el mismo estado de Veracruz, y sin poder avisar a los que ya estaban en combate. Asimismo, el almirante Fletcher enviaría al capitán Huse a pedir al cónsul Canada que tratara de negociar un armisticio con el general Mass, pero sería era demasiado tarde, la batalla estaba en su punto más álgido y no había marcha atrás.

Volvimos a usar las piernas al máximo para subir a la azotea del nuevo mercado –se encontraba una cuadra del honorable plantel naval–. Se apreciaba perfectamente desde arriba como los cadetes más jóvenes defendían con su vida la soberanía de México. Veíamos la forma en que el hijo del Comodoro Azueta, el teniente Manuel Azueta y su ametralladora, había sido herido en las piernas y en un brazo cayendo sobre la calle Landero y Coss. Lo había rescatado uno de sus compañeros, pero sabíamos que el valiente marino fallecería a causa de las heridas recibidas el 10 de mayo. Debido al valor de muchos marinos mexicanos, también observaríamos con enorme indignación cómo uno de los barcos invasores, el crucero USS Chester, empezaba a usar su artillería superior sobre el edifico de la Escuela Naval, –¡qué fácil es atacar cuando es grande tu ventaja sobre el otro!, ¡cuántas veces la historia ha presenciado esto!–, pensaba. Esta ofensiva le arrebataría la vida al valeroso cadete Virgilio C. Uribe.

Mientras sucedía aquello, en otros edificios y calles, muchos ciudadanos valientes disparaban desde ventanas y techos contra los infantes extranjeros. Era un ir y venir de disparos porque, para variar, los invasores también habían traído francotiradores que se encontraban en torres y tejados. Al lado nuestro había veracruzanos defendiendo su ciudad con rifles. Nosotros ya temíamos por nuestras vidas, pedíamos que esto ya terminara porque para bien o para mal no podíamos participar activamente en los hechos; los viajes en el tiempo lo impiden, pero sí permiten morir. 

Cerca de la 1:40 p.m. veíamos cómo bajaban del USS Utah los bluejackets a mando de Paul Frederick Foster. Tendrían como objetivo primeramente relevar a sus compañeros en la aduana y luego cubrir la zona de la Plaza Constitución –el actual zócalo del puerto–. El cargamento del buque alemán Ypiranga, que tanto preocupaba al presidente Wilson, no había sido retenido porque la embarcación europea había pactado con los invasores regresar a Alemania, pero la tripulación germana los engañaría para partir hacía Puerto México –el actual municipio de Coatzacoalcos– y ahí Huerta sí recibiría el armamento y las municiones días después; así las ironías de la vida… Ya a las 3:00 p.m., los infantes invasores habían capturado la aduana, los muelles, el telégrafo y correos, el consulado y la estación de ferrocarriles, pero los disparos continuaban desde diversos sitios de la Plaza de la Constitución.

Finalmente, la lucha cedería momentáneamente a las 5:00 p.m. El almirante Fletcher ordenaría detener el avance de las tropas a la ciudad, sólo mantenerse en guardia durante la noche y reanudar el ataque al amanecer del día 22 de abril y algunos días y meses más. La invasión terminaría hasta el 23 de noviembre bajo las negociaciones del gobierno de Venustiano Carranza. Nosotros que habíamos estado algunas horas en el techo del mercado bajo la lluvia de balazos respirábamos con profundo cansancio y temor, pero sabíamos que era el momento idóneo para regresar, tomar nuestras cosas y marchar de nuevo en los agujeros del espacio-tiempo. Esta vez, nos llevábamos la gran lección sobre el valor de la sociedad civil y de los marinos mexicanos defendiendo su ciudad de ser tomada y la entera comprensión de la facilidad que tiene el vecino del norte para comenzar una guerra inútil sin importar tiempos y lugares, gracias a su ideología sociopolítica y económica. La historia nos enseña que los caprichos humanos son peligrosos cuando vienen de los poderosos. Sigamos aprendiendo y reflexionando. Viajemos en los momentos más importantes de la humanidad y conozcamos. Hay mucho que comprender de nosotros mismos. Los invito a que me sigan la próxima semana. Au revoir!

“Arquitectura en Veracruz. Atractivos coloniales” en la página Visit México, disponible en: http://www.visitmexico.com/es-cl/es-mx/arquitectura-en-veracruz 

Azueta, Manuel. “Parte de novedades rendido por el Comodoro Manuel Azueta, a la Secretaría de Marina, con motivo de la defensa de la Escuela Naval Militar” en el portal del Instituto de Investigaciones Jurídicas-UNAM/Senado de la República 2010, disponible en: https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2883/57.pdf 

Mass, Gustavo. “La intervención norteamericana en Veracruz (1914). Documento 9. Partes rendidos por el general Gustavo A. Mass, relativos a la invasión del puerto de Veracruz, por fuerzas norteamericanas” en Isidro Fabela, Documentos históricos de la revolución mexicana. México: FCE, 1962, pp. 21-33, disponible en el portal Biblioteca tv: http://www.biblioteca.tv/artman2/publish/1914_211/La_intervenci_n_nortea...

Pérez de León, José. Reseña Gráfica de la invasión americana Veracruz 1914. México: SEMAR/SEGOB/Gobierno del Estado de Veracruz, 2014. Disponible en el portal Gob.mx:  https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/2912/Resena_Grafica_de_la...

Sweetman, Jack. “Take Veracruz at Once” en Naval History Magazine. Abril de 2014, Volumen 28, Número 2 disponible en el portal US Naval Institute: https://www.usni.org/magazines/navalhistory/2014-03/take-veracruz-once 

Ulloa. Berta. “La lucha armada” en Historia general de México. Tomo IV. México: COLMEX, 1977, pp. 52-61.

Uluapa, Sr. Blog Veracruz antiguo. Documentos históricos del Sotavento Veracruzano. Disponible en: https://aguapasada.wordpress.com/ 

VVAA. Comodoro Manuel Azueta Perillos. Ensayo biográfico. México: SEMAR/SEGOB/INEHRM, 2009. Disponible en el portal de la Secretaría de Marina (2006-2012): http://2006-2012.semar.gob.mx/unhicun/publicaciones_historicas/Azueta.pdf 

VVAA. De la intervención diplomática a la invasión armada: México frente a Estados Unidos durante 1914. México: SEMAR/SEGOB/INEHRM/SEP/Gobierno del Estado de Veracruz, 2014. Disponible en el portal Gob.mx: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/2908/intervenciondiplomat...

_____________________________

* La presente crónica está basada en documentos e investigaciones de hechos reales; los elementos ficticios son sólo secundarios para justificar lo real. La bibliografía consultada se encuentra al final del texto.

http://www.excelsior.com.mx/global/2017/04/23/1159291

Compartir

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn
Read 174 times
MesaRevuelta.com.mx